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viernes, 2 de junio de 2017

México: llamada a cobro revertido


Por la Espiral

Por Claudia Luna Palencia


México: llamada a cobro revertido


¿Qué clase de jugador pretende ser México en la actual disputa hegemónica -en barro resbaladizo-, que confronta a las grandes potencias en el reacomodo geoestratégico actual?

         Si el torbellino que va levantando a su paso Donald Trump como máximo líder de la Casa Blanca no es visto como una oportunidad para recambiar, reconfigurar y renovar el orden acostumbrado del sentido de las cosas, del viejo establishment, entonces será verdaderamente la consumación del fracaso.

         Al menos la Unión Europea (UE) así lo ha interpretado, tras pasar el invierno populista que amenazaba con apoderarse de la política de países europeos clave y una vez asimilada la ruptura con Reino Unido, el divorcio con Estados Unidos está siendo  absorbido como un desafío para rejuvenecerse más que para deprimirse.

         De ahí que Europa anuncie un viraje en sus relaciones internacionales más cerca de China y de la India; y buscando además fortalecerse internamente con la intención en la UE de contar con un Tesoro, muy a la sazón de la Reserva Federal así como un presupuesto común para todos los países miembros y fortalecer al euro; aunque desde luego el tema de reforzar su defensa militar tampoco está siendo obviado.

         También en América Latina va digiriéndose la vorágine Trump pasando primero de la incredulidad para luego sobarse del golpetazo, en América del Sur Chile, Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay están convencidos de su mirada  hacia Oriente.

         Igualmente a México le toca decidir qué futuro mediato e inmediato quiere construir, el país azteca debe dejar de ser un actor circunstancial, un mero espectador adherido sin remedio al sino de Estados Unidos.

         Si geográficamente es imposible mudarse de sitio y no hay de otra más que seguir compartiendo frontera con alambre de púas, no es una condición sine qua non para orbitar como satélite a su alrededor.

         La economía mexicana debe tomar el destino en sus manos, evitar que siga siendo la FED la que marque el devenir de la política monetaria del Banco de México porque a la autoridad monetaria nacional no le queda más que ser reactiva de las maniobras en las tasas americanas; y asimismo blindarse de la lacerante afectación provocada cada que el dólar salta por las nubes.

         SÍ es verdad, lo dirán los economistas oficiales, esto funciona como un libre mercado es la práctica de la teoría, claro muy bien,  pero resulta que los exportadores e importadores mexicanos y los consumidores solamente saben que el billete verde estaba en doce pesos… de repente escaló a veinte pesos.

         Y para los que no tienen coberturas porque quizá no son tan grandes para contratarlas por su tamaño empresarial, el efecto de traslado del dólar disparado frente al peso, representa pérdidas en caja, reetiquetación, ajustes en sus costos, en suma más preocupaciones y caras largas.

         Es decir, basta de la misma historia de siempre, basta de que si Estados Unidos se resfría a México en consecuencia le da pulmonía, la ausencia de políticos con visión de estadistas es lo que, entre otros males, ha provocado esa excesiva vulnerabilidad, la exposición al riesgo a la política de Washington.

A COLACIÓN

         El más reciente reajuste alcista al 6.75% en las tasas de interés de referencia en el país es parte de esa política reactiva más que proactiva aunque los diferenciales en las tasas activas y pasivas no deben pasar de largo que los intereses por los adeudos, ojo con las tarjetas de crédito, tienen un mayor margen de castigo.

         Al final, la economía resiente un impacto inflacionario por doble vía: el incremento de los réditos y el encarecimiento del dólar, los precios de todos los bienes han subido, muchos básicos se escapan de las manos de los que menos tienen.

         Ya viene siendo tiempo de diversificar los huevos en la cesta de inversiones, de comercio y nexos económicos más allá de las tercas voces que insisten en su improbabilidad (más que imposibilidad) lo peor es no intentarlo; conformarse cruzados de brazos.

         Si existiera una política de largo plazo que prohijase dicha senda, la de la variedad, se le daría mayores elementos a las nuevas generaciones para que después de 2050 no fuera preponderante la codependencia con el vecino distante.

 *Puedes opinar en http://claudialunapalencia.blogspot.com.es economista y  escritora, experta en periodismo económico, geoeconomía y análisis internacional



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