Página de contenido económico

lunes, 30 de enero de 2017

REDUCIR EL DÉFICIT CON PALOS DE CIEGO




                                                POR LA ESPIRAL
                                                Claudia Luna Palencia
                                                @claudialunapale




-Reducir el déficit con palos de ciego




La simbiosis en el motor exportador-importador entre Estados Unidos y México es una realidad, nos guste o disguste, no se trata de caer simpáticos sino de vender bienes, servicios y mercancías.

            Desconozco si otro país del mundo (carezco de dicha información) guarda tal nivel de interrelación económica, financiera y comercial del mismo nivel de intensidad como la relación de vecindad entre México y Estados Unidos.

            El NAFTA-TLCAN firmado en 1993 y puesto en vigor en aquel aciago año de 1994 -en el que hasta el Ejército Zapatista hizo su aparición estelar-, con el discurrir del tiempo ha permitido que las multinacionales estadounidenses deslocalizaran con mayor facilidad su producción trasladándose del otro lado de su frontera para producir en la desigual economía mexicana.

      ¿Por qué lo hicieron? Simple de entender  e imagino que su nuevo presidente Trump (espero haga sus tuits lo suficientemente sobrio) como empresario con negocios exitosos y otros quebrados sepa que el acuerdo de libre comercio fue  un invento emanado desde la Oficina Oval, cocinado con las barras y las estrellas yankees.

        Y gracias a éste sucedió una deslocalización productiva que ha permitido a las empresas estadounidenses beneficiarse de bajas regulaciones en pro del cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente; de una política salarial favorable para el productor; de sindicatos mermados y de menores costos para fabricar porque  se paga mucho menos por  los costos variables, los impuestos, regulaciones y otros inputs que impactan en  los procesos empresariales.

    Esa deslocalización a su vez ha permitido crear productos en terreno mexicano para luego ser exportados hacia terreno norteamericano y además con la enorme ventaja de llegar más baratos en comparación de ser producidos in situ porque las normas ambientales, el costo de la mano de obra, los impuestos y regulaciones son mucho más elevadas en Estados Unidos.

            En México tienen hasta la ventaja del draw back que es la devolución de impuestos por insumos adquiridos en el extranjero utilizados para terminar un bien que luego será exportado. Un fabricante automotriz estadounidense importa tableros eléctricos desde Iowa que serán usados en Coahuila para terminar un bien, en este caso un coche que luego tendrá como destino la exportación para ser vendido en Denver. Allí se aplica el draw back.

            Trump que ha hecho fortuna (una que no tiene las cuentas totalmente transparentes Forbes la estima en 3 mil millones de dólares y el magnate en 10 mil millones de dólares) gracias  al sector inmobiliario,  en su calculadora mental además de construir un muro fronterizo kilométrico también quiere rescatar el empleo haciendo obras por aquí y por allá.

        El quid es qué corporativo hará la obra porque un costo estimado de entre 10 mil a 15 mil millones de dólares, en datos aleatorios, para el grupo que lo lleve a cabo implicará ganar una estratosférica suma millonaria de ceros. ¿Quiénes serán los beneficiarios?

     En este sentido no hay que perderle la pista a Jared Kushner, nombrado consejero superior de su suegro Donald en la Casa Blanca, él es el marido de Ivanka y dueño de Kushner Real State y Kushner Properties. El marido de Ivanka tiene enlaces de negocios importantes en Reino Unido e Israel.
A COLACIÓN
            Mientras el magnate piensa en construir y se olvida de dirigir el país abriéndole más frentes a la gente en lugar de atajarlos, en su frenesí tuitero ha llegado hasta acusar a México de sacar provecho del tratado sentenciándolo por su déficit.

     Nada más que el déficit con México es seis veces menor que el que tienen con China y es el tercero en relevancia porque el déficit de Estados Unidos con la Unión Europea (UE) duplica al  que tiene México que es de 61 mil millones de dólares al cierre de 2015.

  Comercialmente hablando, la Unión Americana es deficitaria con China, la UE, México, Japón, India y Corea del Sur principalmente; Trump amenazó en campaña con imponer aranceles mayores al 35% para China, nunca mencionó a la UE y se fue sobre de la yugular de México, su vecino más cercano y al mismo tiempo el más distante.

   En 2015, las exportaciones aztecas a Estados Unidos fueron por 308 mil 890.7 de acuerdo con datos del INEGI, lo relevante de ese resultado es que desde 2009 cuando cayeron  de forma importante las ventas se exportó 185 mil 101.2 millones de dólares, desde ese bajón hasta el cierre de 2015, las exportaciones en siete años incrementaron un 66.87%; ése es el dato que Trump considera amenazante que en menos de una década se les esté exportando cantidades superiores a los 300 mil millones de dólares.

   Parecen muy muy lejanos aquellos años previos al NAFTA-TLCAN, estuve revisando las exportaciones totales de México con Estados Unidos -desde 1993 hasta 2015- condensadas por el INEGI;  en 1993 el valor de las exportaciones a la Unión Americana fue por 42 mil 911.5 millones de dólares el año de la firma del NAFTA-TLCAN, para cuando se cumplieron los diez primeros años de su vigencia las exportaciones en 2004 implicaron ventas a Estados Unidos por  164 mil 522.0 millones de dólares. Veinte años después alcanzaron los 318 mil 365.6 millones de dólares.


viernes, 27 de enero de 2017

#VISADOPARAESTADOUNIDENSES



                                               POR LA ESPIRAL
                                               Claudia Luna Palencia
                                               @claudialunapale





-#Visadoparaestadounidenses



A ver si México y sus políticos, empresarios y su gente toman de este desafío, de los coletazos del presidente Donald Trump, la oportunidad para dejar a un lado las diferencias y unirse en las coincidencias.

Trump, que no es ni políticamente correcto ni incorrecto, sino más bien un empresario millonario con una mentalidad de negocios “time is money” se siente por encima de toda la jerarquía imparable para hacer y deshacer a su antojo; no es político, por ende, no tiene miedo de la jauría.

Pero eso no lo hace incontestable ni irrefutable, la nación que él lidera conserva el brillo militar que lo acostumbró a ser el policía del mundo después de la Segunda Guerra Mundial  gracias a  las dos bombas nucleares lanzadas sobre de Japón.

A cambio ha perdido fortaleza económica, financiera y comercial, estamos hablando del país más endeudado del mundo, China y Japón son las economías que poseen la mayor compra de deuda norteamericana. El billete verde ha cedido poderío después de Bretton Woods, otras monedas han ido disputándose el control del sistema monetario internacional.

China es una economía cuyo PIB en diversos años, sobre todo después de 2000, ha superado en tamaño a la economía estadounidense y es hoy por hoy el nuevo eje del comercio internacional. Son los inversores y comerciantes chinos los que se han reposicionado en América Latina.

¿A qué viene entonces el cuento de Estados Unidos, con su doble déficit gemelo, de imponer las condiciones  amenazantes y unilaterales que no son otra cosa más que la expresión de la voluntad de Trump? ¿Qué haría Estados Unidos sin China y sin México?

En su tozudez, el magnate olvida que una guerra arancelaria es contraproducente primordialmente para el consumidor final dado que se le traslada el impacto del pago del arancel al  producto.

 Todos los aranceles a la importación de los productos mexicanos los resentirá el consumidor estadounidense, no el consumidor mexicano; quizá su estrategia pase por hacer que la clase media compense el efecto mediante el súper dólar porque les da un mayor poder adquisitivo. Pueden comprar las importaciones más baratas por el efecto cambiario nada más que al exportarlas acontece lo contrario.

Es decir, no lo olvidemos, es comercio internacional de las lecciones básicas, las tasas arancelarias las termina pagando el consumidor final. Por ejemplo, vamos a suponer que México respondiera la estrategia del 20% de aranceles en la importación de los productos Made in México, correspondiendo con una tasa similar a las importaciones de los productos Made in USA.

Ojo aquí las consecuencias son visconversas porque el consumidor mexicano terminaría pagando doblemente por el producto importado desde la Unión Americana;  primero, porque el arancel que el país azteca impusiera tendría secuela de traslado al consumidor y segundo, el peso está devaluado respecto al dólar y eso implica poner más pesos para comprar el producto.

Así es que si Trump grava las importaciones eso lo absorberá el consumidor estadounidense y si México grava las importaciones estadounidenses le repercutirá por doble vía al consumidor azteca.  Entonces hay que ser muy inteligentes con la jugada de cómo responder.
A COLACIÓN
            Con base al pretexto de la amenaza real contra la seguridad y debido a la enorme porosidad de las fronteras aztecas tanto al norte como al sur de su territorio, no puede permitirse más que los estadounidenses ingresen al país únicamente con su pasaporte, sin exigirles una visa. #Visadoparaestadounidenses

            Tiene que hacerse efectivo y demandarlo igualmente con los centroamericanos, porque los mexicanos tenemos que velar por nuestras fronteras.

No es casualidad la implosión del tráfico de armas, órganos, personas, niños, secuestros, droga, violencia, mujeres violadas y muertas en las entidades que comparten la franja fronteriza con Estados Unidos.

No es tampoco un bulo que todos los criminales muchos hasta multihomicidas norteamericanos se fugan para esconderse en tierras mexicanas, no podemos seguir siendo el paraíso de la delincuencia de los estadounidenses.

Hace muchas décadas debió aplicarse un quid pro quo en las relaciones migratorias y trato de turistas entre México y Estados Unidos, y aquí además de ser un urgente asunto de dignidad, lo tiene que ser de seguridad.